JAVIER JARA B.

La necesidad de orar siempre.
La historia del misionero Henry Morrison al regresar a su país (Estados Unidos).  La historia ha sido publicada en diferentes lugares con pequeñas diferencias en cuanto a las palabras exactas. Esta es una de esas versiones: «Después de cuarenta años de fiel servicio al Señor como misionero en África, Henry Morrison y su esposa regresaban a Nueva York. Cuando el barco se acercaba al muelle, Henry le dijo a su esposa: “Mira a esa multitud. No se han olvidado de nosotros”. Sin embargo, desconocido para Henry, el barco también transportaba al presidente Teddy Roosevelt, que regresaba de un gran viaje de caza en África. Roosevelt bajó del bote, con gran fanfarria, mientras la gente aplaudía, las banderas ondeaban, las bandas tocaban, y los periodistas esperaban sus comentarios. Henry y su esposa se marcharon lentamente sin ser notados.
Hicieron un alto a un taxi que los llevó al apartamento de un dormitorio que había sido provisto por la junta de la misión. Durante las siguientes semanas, Henry intentó sin éxito dejar atrás el incidente. Se hundía de forma más profunda en la depresión cuando, una noche, le dijo a su esposa: “Todo esto está mal. Este hombre regresa de un viaje de caza y todos organizan una gran fiesta. Damos nuestras vidas en un servicio fiel a Dios durante todos estos años, pero a nadie parece importarle”. Su esposa le advirtió que no debería sentirse así. Henry respondió: “Lo sé, pero no puedo evitarlo. Simplemente no está bien”.
Su esposa entonces le dijo: “Henry, debes decirle esto al Señor y resolver esto ahora. Serás inútil en tu ministerio hasta que lo hagas”.
Henry Morrison luego fue a su habitación, se arrodilló y, recordando a Habacuc, comenzó a derramar su corazón al Señor. «Señor, conoces nuestra situación y lo que me preocupa. Con mucho gusto te servimos fielmente durante años sin quejarnos. Pero ahora Dios, simplemente no
puedo quitarme este incidente de la cabeza...».
Después de unos diez minutos de oración ferviente, Henry regresó a la sala de estar con una mirada pacífica en su rostro. Su esposa señaló: «Parece que has resuelto el problema. ¿Qué pasó?».
Henry respondió: «El Señor lo resolvió por mí. Le conté lo amargado que estaba porque el presidente recibió este tremendo recibimiento a casa, pero nadie se encontró con nosotros cuando volvimos a casa. Cuando terminé, pareció como si el Señor pusiera su mano sobre mi hombro y simplemente dijera: “¡Pero Henry, todavía no has llegado a casa!”»

Hoy nosotros somos extranjeros en esta tierra, somos embajadores de una nación “extraña” que vivismos en una nación para nosotros “extraña”. No estamos en casa. Creo que para todos en la medida que estamos lejos de casa buscamos la oportunidad y el espacio para comunicarnos con nuestro hogar, para saber de los nuestros, de los hijos, esposa, de la mama, y quizás de alguna otra cosa o circunstancia. De alguna manera es una “necesidad”.
Hoy veremos a la luz de Parábola de la viuda y el Juez injusto la necesidad de orar siempre y no desmayar.

Para comprender el escenario de esta parábola debemos remontarnos al capitulo anterior.
- Jesucristo iba camino a Jerusalén (Lucas 17.11)
- Al entrar en una aldea (que no sabemos su nombre) Jesús es abordado por un grupo de leprosos para ser sanados (Lucas 17.12-19)
- Es posterior a este hecho que unos fariseos consultan a Jesucristo por la venida del reino (Lucas 17.20).
- Jesús les responde a ellos, pero luego se dirige a sus Discípulos (Lucas 17.22) relatandoles sobre la venida del reino. Este versículo es el que abre el contexto para la Parábola que Jesús les refiere.

Escenario: Una aldea de camino a Jerusalén
Personajes: Fariseos, discípulos y Jesús
Contexto: Habrán días de desesperanza, donde se anhelará ver a nuestro salvador, pero no le veremos (Lucas 17.22) Y antes que sea el día glorioso de Jesucristo, primero vendrán situaciones y circunstancias difíciles como en los días de Noé (Lucas  17.26-27) o como los días de Lot (Lucas 17.28-29) todo eso habrá de suceder antes de la manifestación del día del Señor (Lucas 17.30) Luego de comentar algunas cosas mas, Jesús les refiere la Parábola.

V1
Jesucristo, no solo les hablo de la Venida del reino o de la manifestación del día del hijo de Dios, si no que conociéndoles y viendo quizás sus corazones preocupados o afligidos por lo que les acaba de relatar (Lucas 17.37) pero también por las consecuencias estos malos días traerían (Lucas 18.8).
 Esto era la base de la necesidad (entendido como una obligación)  de orar (conversar con Dios para hacer una petición) siempre ( en todo momento, en todo el tiempo y en cada ocasión) (1 Tesalonicenses 5.17), sin desmayar (sin perder la energía o perder el animo)

V2-3
La historia comienza situada en una cuidad, en dicha ciudad habían dos personajes
Primero un Juez. Lo peor de lo peor de los jueces. Un juez que no temía a Dios y no respetaba a los hombres. Era un Juez sin ninguna consideración, solo movido por su maldad (Romanos 3.14-18), a pesar de que su trabajo tenia mucha relevancia. Era completamente contrario a lo que en su momento el Rey Josafat requirió de los jueces que el estableció (2 Cronicas 19.4-9). Era un hombre implacable. A tal grado llegaba su maldad que el conocía su condición tal como era. Era un completo impío( Proverbios 29.7) y que tiene un corazón endurecido (Salmo 17.10) el mismos Jesucristo lo describe como un injusto (Lucas 18.6).
Segundo, una viuda. Las viudas mostraban la parte mas vulnerable y desposeída de la sociedad. Generalmente desolada e indefensas ya que sus esposos habían fallecido ( 2 Samuel 14.5; 1 Timoteo 5.5)

V3-5?
Estos personajes principales que hemos realizaban algunas acciones que debemos revisar.
La viuda, asistía de manera constante (el verbo griego se puede traducir literalmente “seguía viniendo”) y persistente donde el Juez a rogar y pedir que le hiciese justicia de su adversario. Lo interesante es que la viuda estaba dando una “orden” al juez (hazme justicia - verbo imperativo), es como que le dijera al juez haz tu trabajo. Ella necesitaba que se castigara justamente a su enemigo (la palabra adversario tiene el sentido que era un enemigo hostil), que la acusaba. Teniendo todo esto en mente es como que la viuda le estuviese diciendo al juez “líbrame de la opresión de mi adversario”
El Juez, que no respetaba al hombre, se rehusó (no estaba dispuesto) a hacer justicia por algún tiempo. Su primera acción fue de indiferencia o rechazo a la solicitud de la Viuda. Pero luego de ese tiempo, reconociendo su maldad se propuso hacerle justicia. Su decisión no estuvo enmarcada por su reverencia a Dios o pensando en el bienestar de la viuda si no que estuvo basado por una sensación de frustración o derrota frente a sus continuos ruegos. A él le preocupaba que venciera su paciencia (literalmente en el griego es que el terminara pegándole - lit. debajo del ojo)


V6-8
El Señor ahora da la aplicación y muestra en relación a lo que acaba de relatar la necesidad pero también una refrescante noticia que nos debe alentar a orar.
Jesucristo les da una orden: “oid”, escuchen con atención e intención, lo que dijo el juez injusto. Esto da la base para que Cristo haga un contraste. El Juez Injusto, es completamente lo contrario a Dios y su actitud. Jesús establece por medio de dos preguntas que tiene una respuesta implícita
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? La respuesta es “SI” hará justicia. (Romanos 8.31-32). Esto nos muestra lo que podemos esperar de Dios (Lucas 11.13) y la respuesta esta asegurada para aquellos que claman de día y de noche (1 Tesalonicenses 5.17)
¿Se tardará en responderles? La respuesta es NO (Hebreos 4.16) quizás en nuestra perspectiva es que el se retarda, pero en su tiempo , en su perfecto tiempo la ayuda llega en el momento exacto, no antes o después.
Jesús mismo responde esta pregunta con una sola frase “Os digo que pronto les hará justicia”. Mas temprano que tarde, con un ritmo rápido el nos hará justicia.


Esto nos da la esperanza (una noticia fresca, una noticia que anima) a que oremos, Dios responderá nuestra oración (1 Juan 3.22). ¿No te da aliento eso hermano? ¿Como crees que se sentía la viuda después de un tiempo al ver la indiferencia del Juez injusto?
El punto de la necesidad de la oración es que al final de los tiempos (tal como en los tiempos de Noé y Lot (Lucas 17.26-30) solo se salvaran unos pocos frente a la muchedumbre que recibieron la ira de Dios. Los tiempos son malos, es necesario estar en contacto en oración con nuestra casa, para ser confirmados en la fe y para rogar que el reino de Dios sea manifestado.
Los Días que hoy vivimos son días propicios para orar, días que por la maldad nos invitan a orar con mayor diligencia, mas aun con la promesa de que nuestra oración será escuchada y de que tendremos una respuesta a ellas, pronto se nos hará justicia. Daniel nos da un maravilloso ejemplo de rogar a Dios cuando los tiempos son malos, cuando parece que todo esta mal (Daniel 9.1-19)

Hermanos, hoy el llamado es a nosotros, oremos siempre y sin desmayar.




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