Los pacificadores

Las Bienaventuranzas

JAVIER JARA B.

Mateo 5.9

(RV1960) Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

(NTV) Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

(NVI) Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

(TLA) Dios bendice a los que trabajan para que haya paz en el mundo, pues ellos serán llamados hijos de Dios.

Pacificadores son aquellos que hacen la paz, o dicho de otra forma son los hacedores de paz. 

La RAE la define "paz" como:

  1. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
  2. Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia.
  3. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

El diccionario bíblico nos indica que esta palabra en el griego se refiere a una relación armónica entre personas o a la ausencia de agresión.

Nuestro Dios es un Dios de paz (Romanos 15.33; Filipenses 4.9; Hebreos 13.20) y su hijo vino a entregar esa paz que el mundo no puede entregar (Juan 14.27). El mundo solo nos puede entregar aflicción, preocupaciones, pero como Cristo a vencido al mundo nosotros debemos vivir en paz y tranquilos, confiando que en Cristo todo lo podemos (Juan 16.33). Dios fue el que se acercó a nosotros para reconciliarnos con Él mismo (2 Corintios 5.18).

Dios en la antigüedad dijo que no iba a contender mas con el hombre (Génesis 6.3) por que su corazón iba de continuo al mal (Génesis 6.5), pero también en su soberanía, desde mucho antes ya había destinado el sacrificio de Cristo por nuestros pecado (Apocalipsis 13.8). Isaías profetizó que el castigo o el pago para recuperar nuestra paz  iba a ser el sufrimiento de Cristo en la cruz (Isaías 53.3) y es por esa muestre fuimos reconciliados con Dios, cambiando nuestro estado de enemigos a reconciliados (Colosenses 1.21) ya que al reconocer a Cristo por medio de la fe, fuimos justificados (Romanos 5.1; Romanos 5.10).

Jesús, es nuestra paz. Con su sacrificio derribó la pared intermedia, esa que nos separaba del su pueblo, y ahora somos un sólo pueblo, solamente por el afecto de su voluntad (Efesios 2.14). Y esto no solo en la tierra si no también, las que están en los cielos, por la sangre derramada en la cruz (Colosenses 1.20).

Ahora que nosotros pasamos de muerte a vida, y fuimos adoptados como hijos de este Dios de paz, debemos ser pacificadores ¿cómo? anunciando el evangelio de la paz (Hechos 10:36). Este es un mandamiento dado por Jesús a sus discípulos en la gran comisión (Marcos 16:15-16) donde nos ordena que debemos sembrar el evangelio de paz y actuar como embajadores de Dios en esta tierra (2 Corintios 5.19-20). ¿Rogamos cada día por los que están en enemistad con Dios? ¿Hacemos esfuerzos significativos que traigan mas gente a la verdad y a la reconciliación? o ¿Nos conformamos con asistir a un punto de predicación haciendo número o hablando el evangelio de lejos (por si alguien escucha), pero luego llegamos a nuestro hogar, trabajo, colegio, etc. y nos olvidamos de este mandato?

La paz también tiene otra arista. Nosotros debemos amar a nuestros enemigos para que seamos hijos de nuestro Padre celestial (Mateo 5. 44-48). En nuestro diario vivir debemos caminar el camino de la paz con TODOS! (Hebreos 12.14). Debe haber en nosotros mansedumbre y dominio propio, por que en nuestra ira o enojo no obra la justicia de Dios (Santiago 1.19-20). El fruto de justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz (Santiago 3.16-18). Debemos andar en paz con todos, no solo con nuestros hermanos, que es primordial para que acampe la presencia de Dios en medio nuestro, si no que también, con aquellos que no conocen a Cristo ya que de esta forma también estaremos sembrando la buena semilla del evangelio para que pueda entrar a la paz (reconciliación) con Dios (1 Juan 3.10) en las vidas de los que aún no creen.

En el momento que todo esto se cumplen nosotros veremos como la perfección de Dios esta en nosotros, y pasaremos a tener la real "imagen y semejanza" de Dios, esa que nos distingue como sus hijos, por que hacemos lo que Él hizo.




Articulos Relacionados