JAVIER JARA B.

Texto Base: Isaías 61.1-3
En los relatos bíblicos encontramos muchas imágenes que nos ayudan a comprender lo realidades espirituales que explicadas de otra manera seria muy difícil de comprender.

*       Cordero de Dios – Jn 1.29
*       Luz del mundo – Jn 8.12
*       El león de la tribu de Juda – Ap 5.5
*       Un alfarero – Is 64.8
*       Un agricultor – Salmo 80.7-9

Estas imágenes nos ayudan a comprender más a Dios. Pero en cuento a la iglesia, a nosotros también tenemos imágenes que nos ayudan a comprender nuestra realidad, por ejemplo, se nos trata de ovejas (Mt 9.36; Jn 10.14) o de novia (Efesios 5.25-27;  2 Corintios 11.2)

No obstante una de las metáfora no tan conocida, pero que explica más completamente al cristiano, es la del árbol (Salmo 1.3; Oseas 14.6; Jeremías 17.8). Con esta figura se ilustran al menos tres aspectos indispensables en la vida del creyente: su testimonio, su producción y sus convicciones (Mateo 3.10; Jeremías 17.8).

Uno de los pasajes que nos ayuda a comprender mas la realidad del creyente y la imagen como un árbol, la encontramos en Judas (Judas 1.12) que nos advierte también de no ser verdaderos plantíos de Jehová, mostrando la contraparte de los árboles frondosos y productivos, o dicho de otra manera, árboles que no debemos ser:

*       Otoñales
*       Sin frutos
*       Muertos y desarraigados

Cuando el profeta se refiere a "Arboles de Justicia, plantio de Jehova" (Isaias 61.3), hace referencia a plantas permanentes en el jardín de Dios. Dios, el jardinero o agricultor, nos transforma y nos hermosea para su propia gloria. Nada da mas gloria a Dios como la justicia personal y probada de los suyos, recibida de El por medio de la fe (Jeremias 17.8).

Mathew Henry lo explica de la siguiente manera:  "Todo lo que Cristo hace por nosotros es para que seamos pueblo de Dios y le rindamos alabanza y servicio como árboles vivos, de hoja perenne y siempre con frescura primaveral, como los terebintos (robles - arboles grandes); con esto, Dios es glorificado en sus santos."

La historia relata que bajo los terebintos eran unos arboles bajo los cuales se ofrecían sacrificios y ofrendas, por que tenia buena sombra. También era símbolo de los hombres fuertes en justicia, en lugar de arboles débiles, doblegados por el pecado y las calamidades.

El cristiano como un árbol de ornato (adorno)

La primera figura es la del árbol de ornato. Esta imagen nos puede llevar a algún grado de confusión por que lo que se nos viene a la mente no es un árbol lleno de vida de hecho algunos enfatizan lo contrario: que el cristiano no es un árbol de ornato sino un árbol productivo. Esto combatiendo el cristianismo disecado de algunos caracterizados por una fe agotada, guerreros de antiguas batallas, que andan ahora con la armadura oxidada y que se la pasan a reposo. Como si se tratara de un museo.

Pero con esta figura del árbol no se pretende ilustrar el estancamiento en la fe, sino la importancia de un buen testimonio basado en una fe viva (Santiago 2.17).

En Tito 2:10, Pablo exhorta a los siervos cristianos a comportarse con sus amos de modo que “en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. El término “adornen” (del cual se deriva el termino "cosmetico") se utiliza con el sentido de hacer mas atractivo, añadiendo ornamento (belleza) o color ; nuestra vida debe ser tal que embellezca —y no empobrezca— la imagen del evangelio. Nuestro testimonio debe honrar al evangelio.

Pablo cuando habla a Tito esta enseñando el principio Biblico de que nuestra vida debe hacer atractivo (bello, honrado) el evangelio (Tito 2.5)
Nuestra conducta no puede ser inconsecuente a lo que hablamos o creemos. La conducta no es digna de merecer salvación, pero no es inconsecuente para nuestra vida de santificación y fe (Colosenses 1.10; Mt 3.8-10, 2 Co 5.17). El evangelio rescata a los indignos para que vivan de forma digna conforme a 3 asombrosas realidades que acompañan a nuestra salvación.

* Hijos adoptivos (Jn 1.12; Ro 8.14; Col 1.13). Pasamos a formar parte de la familia real de Dios con todos los derechos a la fortuna de nuestro hermano mayor, Cristo. Como tales, debemos conducirnos con la etiqueta social de la realeza.
* Embajadores de Dios (2 Co 5.20; Filp 3.20; 2 Tim 2.15) Representantes oficiales cuyo trabajo es engrandecer la imagen de Cristo (Efesios 1.6), dedicarnos a sus intereses y renunciar a los nuestros.
* Sacerdotes del Dios santo (1 Pedro 2.9; Hch 15.14; Efesios 2.13) Consagrados al servicio del templo santo con acceso cotidiano al lugar santísimo.

Por lo tanto, no debe existir indiferencia práctica a nuestro estilo de vida, pues la salvación no consiste solo en salvarnos del infierno (como una confesión mental), es también un salvarnos para dar testimonio que refleje a Cristo de forma tangible (confesión práctica).

El cristiano como un árbol frutal

El cristiano se considera también un árbol frutal que se conoce por sus frutos (Mateo 7:16). NO EXISTE EN LA ESCRITURA UN CRISTIANO INFRUCTÍFERO (Efesios 1.5-6; Jn 15.8). Nuestra unión a Cristo no es simbólica; es tan vital como la conexión de una manguera al hidrante: produce vida espiritual a chorros (Jn 15.4). Y aunque la productividad de los cristianos no es uniforme, pues incluye épocas de aridez y varía entre cristianos (algunos producen a ciento, a sesenta, y otros a treinta por uno; Mateo 13:23), la métrica de su vida mostrará fruto creciente. El cristiano, por tanto, es exhortado a ser hallado lleno de frutos de justicia (Filipenses 1.9-11).

“Los conoceréis por sus frutos, no en el culto sino fuera del culto” – Paul Washer

Una historia relata "que un niño al finalizar el culto se va a despedir del pastor junto a sus padres, espontáneamente el niño le pregunta al Pastor ¿podría mi familia venir a vivir a la iglesia? El pastor asombrado le responde ¿Por qué quieres eso? El niño responde “Es que mis padres se portan como dos angelitos aca en la iglesia”.

Pero el árbol frutal cristiano no es convencional, es exótico (Mt 7.20). Es un árbol “tuti fruti” que produce toda especie de fruto (Gálatas 5.22-23), frutos espirituales, frutos que son virtudes que nos llevan a tener la semejanza de Cristo en la medida que maduramos. En nuestra caminar cristiano comenzamos a convertirnos en un adorador —el primer fruto es vertical, así como los primeros mandamientos son verticales— continúa con los horizontales: frutos sociales (evangeliza a los perdidos y ama a los rescatados).

El cristiano es un árbol bien arraigado

¿Qué tan profundo puede arraigar un árbol? En África existe una higuera gigantesca cuyas raíces profundizan 122 metros. Para que un árbol pueda crecer hacia arriba primero debe crecer hacia abajo. Cuanto más profundas sea las raíces, mayor es el crecimiento del árbol, su fruto y su follaje. Se estima que así como crece en altura, el árbol crece también en profundidad (es como un espejo).

Aquel árbol que no tiene sus raíces en forma adecuada es llevado por el viento o la tormenta. Así mismo quien no tiene convicciones profundas o es de doble ánimo es llevado por el viento siendo inconstante (Santiago 1.8)

El crecimiento espiritual no es automático (Filipenses 1.6), requiere raíces que profundizan para que la ignorancia se disipe, la fe solidifique, y el conocimiento se transforme de datos en la mente a convicciones de corazón. (Daniel 3.12-19,24-25)

Este aspecto ha de ser, quizás, el más indispensable en la vida cristiana, pues es a la medida que el árbol está arraigado que ha de erguirse como árbol llamativo y de frutos abundantes. El cristianos arraigado en Cristo será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará. (Salmo 1.1-3)

En conclusión

Nuestra vida deber ser un fiel reflejo de la vida de Cristo (por lo menos como la meta final) (Mt 16.24; Filipenses 1.21; Gálatas 2.20) negandonos y viviendo la vida de Cristo
Pablo a los de Filipo (Filipenses 1.27-28) les enseña que deben tener integridad y vivir de manera consecuente con lo que creen, enseña y predica.(Efesios 4.1; 1 Tesalonicenses 2.11-12; 2 Pedro 3.11,14)
¿Estamos hoy nosotros viviendo en integridad conforme a la fe que profesamos, a lo que se nos enseña y a lo que se nos predica?
¿Cómo es siendo conducida nuestra vida cristiana? ¿Estamos embelleciendo el nombre de Dios? ¿Estamos glorificando a Dios con nuestros frutos? ¿Cuán profundas son nuestras raíces (convicciones) para enfrentar la tempestad?
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Sermón extraído de http://www.ayudapastoral.com/




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